viernes, 13 de septiembre de 2013

Fruta fresca

"Ese beso de tu boca que me sabe a fruta fresca que se escapó de tus labios y se metió en mi cabeza..."

Así empieza una de las canciones más conocidas del artista colombiano Carlos Vives, pero tranquilos que hoy no vengo a hablar de música, sino de fruta. La variedad de frutas, en todos los sentidos (olores, sabores, colores y formas) que se puede encontrar en Colombia es alucinante.

Frutas tropicales


Hablemos primero de mi fruta favorita, el maracuyá. Había oído hablar de esta fruta pero de lejos, alguna vez llegué a tomar zumo de maracuyá pero no fue hasta que llegué a Colombia que tuve la oportunidad de ver la fruta en si. De piel lisa y amarillenta si está poco madura pasa a arrugarse y "amarronarse" cuando está en su punto. Y resulta curioso que para saber si está realmente maduro lo tenemos que agitar cual Kinder Sorpresa y si notamos como líquido dentro entonces ya es hora de tomarlo. Al abrirlo por la mitad vemos que la piel es gruesa y que contiene una pulpa anaranjada con semillas, pues bien, ésto es lo que se come del maracuyá. Mejor dicho lo que rebajamos con agua y azúcar y licuamos porque directamente está tan ácido que es imposible de comer. El otro día me enteré que otra opción para hacer jugo de maracuyá es cocer la fruta completa y después pasarla por la licuadora, ¡deli!

Maracuyá


Otra fruta que también merece unas palabras en esta entrada es la guanábana. Si el nombre ya te parece raro, la apariencia lo es aún más. ¿Te imaginas una chirimoya con pinchos y del tamaño de una sandía? Pues por ahí van los tiros... Si vienes por estas tierras te aconsejo que pruebes el jugo de guanábana en leche, está exquisito.


Guanabana
Guanabana


Y bueno si el nombre de la fruta anterior era extraño podemos seguir hablando del mangostino, que nace de la unión de un mango y un langostino (risas y aplausos). Chistes malos aparte, el mangostino es una fruta peculiar por su forma, pareciera una berenjena más redondeada de lo normal, y por su contenido, pareciera que tuviera una cabeza de ajo dentro. Eso es justamente lo que se come.

Mangostinos

Continuando con la lista de frutas con nombre guay encontramos las uchuvas, la guayaba, los corosos, el lulo, el zapote, el tomate de árbol, el borojo... Ya os dije, hay muuuucha variedad y se pueden encontrar muy fácilmente en las tiendas de frutas y verduras a muy buen precio. Si por tu paseo por Bogotá pasas por delante de un establecimiento que dice "Frutería", no lo dudes y entra, te vas a encontrar con los mejores jugos y batidos de frutas tropicales.  Busca un nombre raro en la carta y pregunta qué versión del jugo es mejor: en agua o en leche. Aunque está claro que si no te la quieres jugar siempre puedes optar por cualquier fruta aburrida como la fresa, el melón, la naranja o el melocotón.


Un pequeño consejo: aquí los plátanos son bananas y las bananas son plátanos. Ah, y la sandía se llama patilla, no me preguntéis por qué...

Un saludo para los amantes de la ensalada de fruta.
Lola.-

lunes, 26 de agosto de 2013

Hablar por hablar

Un día cualquiera en cualquier casa de vecino expatriado....

- ¡Hola chica!
- Hola mamá, ¿qué tal todo?
- ¿Chica? ¿Hola? No te escucho....
- Mamá sube el volumen...
- ¿Chica? ¿Me oyes? Te oigo entrecortada (Pepe mira esto que no escucho a tu hija)
- Voy, voy... me muevo, así tengo mejor cobertura. ¿Ya?
- Ahoooora, pero ¡no te veo!
- Vale, ya pongo la cámara, espera... Pero va a ir muy lento, te aviso, ¡eh!
- Ya te veo, un poco oscura pero te veo. (Pepe pon esto en grande que la vea bien, a ver pásame las gafas.) ¡Uy qué abrigadada estás! ¿Hace frío? ¿Qué tiempo hace?
- No mamá, sólo llevo una rebequita. El tiempo como siempre, otoño, fresco por la mañana, con nubes ahora, seguro que después cae un chaparrón...
- Ah bueno, ¿pero no hace calor? Es agosto, aquí estamos casi a 40º.
- No mamá, no hace calor de verano, no se puede salir en mangas cortas, siempre llevo una chaqueta y un pañuelo por si refresca.
- Ah... Te has quedado congelada. ¿Chica? No te escucho... (Pepe no se mueve la imagen, ¿qué hago?)
- ¿Mamá...? ¡MAMÁ! Espera que quito la webcam, ¿ves como te dije que iba a ir mal?
- Chica, ya no te veo....
- Quité la webcam mamá, pero podemos seguir hablando.
- Vale, vale... Oye, ¿qué hora es allí?
- Son las 2 de la tarde.
- Ah, las 2... aquí son las 9 de la noche, ya está empezando a oscurecer. Y, ¿has comido ya? ¿Qué has comido?
- No, mamá aún no he comido, ahora cuando acabe con vosotros me haré algo rápido.
- ¿Estás comiendo bien? ¿Estás comiendo fruta?
- Sí, mamá tranquila, que por aquí la fruta es muy barata y me hago muchos zumos riquísimos.
- Tienes que comer fruta todos los días que tiene mucha vitamina, si no te vas a resfríar. ¿Te llevas tappers al trabajo?
- La verdad es que este año estoy cocinando poco, prefiero comer en la calle que me sale más a cuenta y se come genial. El otro día fuimos.......................

Sí, así empiezan todas las conversaciones de Skype con mi familia, siempre tocamos 3 puntos básicos:

1.- El clima
2.- La hora
3.- La comida

En fin, un saludo para todos los expatriados con mala conexión a Internet.
Lola.-




miércoles, 17 de julio de 2013

De transportes públicos y otros desastres: la buseta

Ya llevo 2 semanas en Bogotá, hoy es el día. Me la juego de una, no lo pienso más. Voy a echarle coraje y me voy a volver a casa en buseta. ¡He dicho!

Con diligencia y decisión me planto en la "parada" de bus de al lado de mi trabajo, con el objetivo de llegar en buseta hasta Galerías, sana y salva. Escribo parada entrecomillado porque aquí las busetas no tienen parada oficial, tú sólo levantas el brazo y ellas se paran (o no). Lo mismo frenan cada 30 segundos que no paran en 10 cuadras. Un descontrol...

Mientras espero mi buseta pasan muchas a destinos que desconozco. Todas tienen un cartel al frente con los puntos de referencia del recorrido. Tengo que buscar una que diga GALERÍAS, PABLO VI, CALLE 53. Ahí pasa una... pero no me atrevo a levantar el brazo. Ahí viene otra... pero pasó demasiado rápido. Uff en esta no quepo ni de coña... Esta... no, esta creo que decía CALLE 57 no 53. Menos mal que traje las gafas porque está empezando a oscurecer y ¡no veo nada!

Cartel buseta


Pregunto a una señora si sabe cuales son las busetas que van a Galerías y me dijo un par de números que fuí incapaz de retener: "Pero fíjate, cualquiera que diga Galerías te sirve. No eres de acá, ¿verdad?" No señora, ¿tanto se nota?

La siguiente la paro, ya no espero más. Mucha gente espera, desespera y traga humo junto a mí. Los hay impacientes que acaban parando un taxi pero yo no voy a caer en la tentación. Tengo un objetivo y lo voy a cumplir. Llevo ya más de media hora de indecisión pero no pasa nada...

Ahí viene una, dice GALERIAS bien grande y no sobresale la gente por la puerta. Esta va a ser. Levanto mi brazo derecho, miro desafiante al conductor y... pasa completamente de largo. Pero no me desanimo, vamos, vamos, no puede ser tan difícil. Por ahí llega otra, estiro el brazo con decisión y... ¡se ha parado! Subo los escalones, me agarro al pasamanos y aunque el cartelito decía muy claro GALERÍAS le pregunto al conductor si se dirige hacía allá. Respuesta afirmativa. Le doy mi billete de 2000 pesitos que llevaba ya preparado en la mano y me agarro donde puedo para esperar mi cambio. Para eso, el conductor no tiene reparo en soltar el volante, girarse hacia atrás y devolverme las monedas, y no os creáis que estabamos parados en un semáforo...

Paso el torno, incomodísimo por cierto y no apto para personas de huesos anchos y me establezco en el pasillo pues no hay asientos libres. He de decir que las busetas son chiquitas, de unos 15-20 asientos, algunas unos cuantos más, pero de pie pueden ir cuantas personas quepan. Tuve suerte y ésta no iba muy llena. Estratégicamente me coloco cerca de la puerta de atrás para salir sin problema cuando vea que ya estoy por casa. El trayecto fue sin muchas complicaciones: frenazos, giros bruscos, acelerones, pitos, trancones... Lo normal. Creo que lo primero que deberían enseñar a los conductores de busetas es que transportan gente, no ganado.

Buseta en Bogotá


Bueno, a ver por dónde vamos... Ah el Éxito de la Caracas, ya estoy llegando. De repente se abren las puertas de atrás y se suben dos chicos jóvenes. Qué poca vergüenza, se han colado descaradamente. Pero cuál es mi sorpresa cuando uno de ellos saca un billete de 5000 pesos y me dice:

- ¿Me cancelas 2 pasajes?
-  Este..... ¿que te qué?

Una mano amiga agarra el billete y lo pasa hacia delante hasta que llega al conductor que pasa el cambio hacia atrás y mano a mano llega hasta los jóvenes. Qué honrados. Uyyy la Panamericana, ¡ya estoy en casa! Toco el timbre, no suena pero..... PSSSSS frenazo brusco y puertas abiertas. Bueno ni tan mal, objetivo cumplido, llegué a mi casa sana y salva.

Un saludo para todos los conductores de buseta,
Lola.-

lunes, 24 de junio de 2013

De transportes públicos y otros desastres: el taxi

Cuando llegas a una ciudad todo es nuevo, las calles te parecen igual y ubicarse es complicado así que la forma más sencilla de moverse de un sitio a otro es en taxi. Aunque en un país como Colombia el taxi no se considera un medio de transporte demasiado seguro... Una de las primeras recomendaciones que me dieron al llegar fue "ni se te ocurra parar taxis en la calle, intentar llamar al servicio de taxis y que vengan a recogerte". Sí, mucho más seguro pero claro yo al llegar no tenía móvil y estar buscando un teléfono donde llamar se me hacía pesado así que me la jugaba diariamente y levantaba 'la manito' para detener a los amarillos.

Y hasta ahora (toco madera) ningún problema. Bueno miento, reconocer los taxis que están libres no es tarea fácil. Aquí no tienen una luz verde cuando van vacíos, ni un cartelito que diga 'libre', ni siquiera una luz roja si van ocupados. La técnica que utilizan es quitar el reposacabezas del asiento delantero o reclinar el asiento del copiloto de manera que si el taxi va vacío se ve que hay hueco y si va alguien se ve el bulto de la persona. Estrategia que se complica un 120% por las noches y aún más si se te olvidan las gafas en el trabajo...

Taxi colombia
Típico ejemplar de taxi colombiano.


Otra recomendación que me dieron fue que al subir al taxi me fijara en la matrícula. Imprescindible que aparezca además en grande en la puerta del taxi y en pequeño en el cristal de la puerta. Además la tarjeta del conductor debe estar visible con su nombre y apellidos, foto reciente, matrícula del taxi, fecha de expedición y tarifas. Los taxímetros por este lado del charco van contando las fichas y después con una tablita se hace la transformación en pesos, más los recargos que procedan (nocturnidad, aeropuerto, festivo...)

Ahora con las nuevas tecnologías, están apareciendo aplicaciones en los smartphones para llamar a los taxis como EasyTaxi o Tappsi, de manera que indicas el punto exacto en el mapa donde quieres que te recojan y una vez reservas el taxi, te envían el número de placa, nombre del taxista, teléfono y tiempo estimado de espera. Incluso puedes ir viendo por dónde viene el taxi a través de Google Maps. Te suelen avisar con un mensaje cuando el taxi llega, así que bajas, le dices al conductor el código de seguridad y listo: ya puedes ir donde quieras. La verdad es que es un servicio muy útil si no fuera porque las 3 veces que lo he usado me aparecía el mensaje de "Su taxi ya llegó y usted no está" ¿Cómo que no estoy? Claro que estoy y además con cara de tonta...

Marea amarilla
Marea amarilla


Y bueno, ya por último hay que estar atentos a las típicas triquiñuelas de todo taxista avispado: pasar el taxímetro más rápido de lo normal, dar la vueltita más grande porque curiosamente es contramano, confundirse con el cambio, cobrar el recargo nocturno antes de tiempo ... Nada nuevo.

En fin que siendo tan barato y habiendo tanto taxi por ahí libre creo que por el momento será mi medio de transporte para moverme por Bogotá.

Hasta la próxima,
Lola.-

miércoles, 1 de mayo de 2013

Hágale mamita!

¿¡Colombia!? ¿Estás segura? Esta es una frase que me han repetido mucho en el último mes cuando le contaba a mis amigos mi nueva aventura. Sí, me voy a vivir a Bogotá dos años y abro este blog para ir contando mis peripecias por el país cafetero igual que hice con Entre tanto tango.

¿Por qué este nombre? Bueno podía haber seguido la estela de mi antiguo blog y llamarlo "entre tanto café" o "entre tanto vallenato" pero mejor pegar un cambio radical y que sea Un viaje de coraje. He querido jugar un poco con el doble sentido de la expresión: por una parte se puede entender como que voy a hacer un viaje para el que hace falta valor (nuevo país, nueva ciudad, nuevo trabajo, nuevos amigos, nuevas costumbres...) pero también un viaje de coraje es una coletilla que se usa mucho en mi tierra, Andalucía, para referirte a algo que te molesta, que te irrita, que te saca de quicio. Con esto no quiero decir que vaya a escribir sólo quejas y reproches, pero iré contando esos detalles que cómo extranjero en Colombia te llaman la atención.

Y con esta primera entrada... ¡queda inaugurado el blog!
Hasta la próxima,
Lola.-